De humanos y de ovejas

Publicado el 21 de octubre de 2024, 18:32

¿Me dejas que te diga algo? Tengo el total convencimiento de que, si estás leyendo este artículo, no es por casualidad. Y es que algo en tu vida te ha traído hasta aquí, hasta este preciso lugar y momento.

Tal vez lleves un tiempo haciéndote preguntas o hayas empezado a pensar que algo no cuadra a tu alrededor, que quizá las cosas no sean como te las han venido contando hasta ahora. O puede, sencillamente, que los algoritmos de Internet te estén ofreciendo este tipo de contenido porque es justo lo que andas buscando últimamente.

Y, si afinamos un poco más, es posible que, en los últimos tiempos, ande rondando por tu cabeza la idea que justo ahora voy a plantearte: nuestra sociedad vive y se comporta exactamente igual que un rebaño de ovejas.

¿Sí? ¿No? ¿Pudiera ser? ¡Venga, piénsalo un poco! ¿Qué rasgos dirías tú que caracterizan a un rebaño de ovejas. El primero y más importante quizá es que los individuos que lo componen no son libres. Es decir, tienen un dueño, un amo. Y es este dueño o amo quien se encarga de alimentar a las ovejas, de proporcionarles un techo bajo el cual vivir (hacinadas unas con otras, eso sí) y de pastorearlas de acá para allá. O dicho de otro modo, de conducirlas en masa de un lugar a otro, siempre hacia donde más convenga al pastor. Y para ello dispone de una ayuda inestimable: la de uno o varios perros pastores. Unas bestias obedientes que se encargan de amedrentar, o castigar si es preciso, a cualquier miembro del rebaño que se atreva a poner una sola pata fuera del camino marcado por su amo.

Y, por supuesto, este mismo amo, el pastor, obtiene beneficio o ganancia a cambio de su labor: explotando la lana de las ovejas, la leche o, incluso, en ocasiones, sacrificando la vida de unas cuantas cabezas de ganado.

Pero, claro, esto las ovejas no lo saben. Viven todas ellas en el absoluto convencimiento de que el pastor y los perros las cuidan, las protegen y velan por su bienestar. Porque, de lo contrario, si las ovejas supieran que son prisioneras, que se las engaña, que se las explota y que, de vez en cuando, también se las asesina, se rebelarían contra el pastor y sus perros. y, por una mera cuestión de ventaja numérica, los aplastarían terminando con su tiranía y recuperando una libertad que nunca debieron perder.

Y ahora, si te parece, vamos a analizar cuántos de esos rasgos que acabo de describir encontramos en los seres humanos: 

Al igual que las ovejas, los seres humanos vivimos hacinados en poblaciones, donde resulta difícil moverse sin estar estorbándonos unos a otros continuamente. Y, además, la mayor parte de nosotros habitamos pequeños cubículos a los que llamamos "viviendas", las unas pegadas a las otras o, incluso, apiladas las unas sobre las otras. Y, desde luego, también tenemos amos. Es decir, otros seres humanos (o no) que deciden por y sobre nosotros en las cuestiones que más afectan nuestras vidas. Algunos de estos amos los podemos distinguir de forma bastante clara: como puede ser (dependiendo de las circunstancias de cada cual) un jefe, un maestro de escuela o un padre. Éstos son, quizá, los menos dañinos, meras marionetas en su mayoría de otros que se encuentran por encima y que nos someten de forma más sutil, pero absoluta. Por supuesto, estoy hablando de los gobiernos, que, aunque vistan con la piel de cordero de la "democracia", no son otra cosa que despotismos oligárquicos temporales con un dominio abrumador sobre nosotros y nuestras vidas. Y, por encima de los gobiernos, podemos encontrar elementos de control más sutiles (y poderosos también): como los grandes poderes económicos, las instituciones supranacionales o, incluso, esos grupos de poder en la sombra de los que pocos se atreven a hablar en voz alta, para no ser tomados por locos.

Y es el conjunto de estos amos, al cual podríamos denominar sencillamente como "el sistema", el que nos proporciona un medio de subsistencia, como hace el pastor con sus ovejas. Sólo que, en lugar pienso, nos facilita eso que llaman dinero, con el cual apenas podemos adquirir cuanto necesitamos para vivir, así como alguna que otra chuchería (como aparatos electrónicos, libros o televisión en streaming). Pero esto no nos sale gratis. Para ello, nos vemos obligados a dejarnos explotar por nuestros amos. Solo que, en lugar de lana o leche, lo que obtienen de nosotros es nuestro tiempo de vida y nuestro esfuerzo. Y esto lo hacemos, entre otras cosas, porque son ellos quienes controlan los medios de producción. 

Estos amos, además, son los encargados de pastorearnos. No, no es que nos reúnan y nos paseen en masa por caminos marcados como a un rebaño (salvo en el caso de eso que llaman manifestaciones y protestas). Lo hacen de forma más ingeniosa y difícil de percibir por nosotros: dirigiendo nuestras mentes, actos y hábitos por donde más les conviene. Y esto lo consiguen valiéndose de herramientas tan inofensivas en apariencia como pueden ser la educación obligatoria y superior, los medios de comunicación y las tendencias y modas. Sí, las modas también son una forma de pastoreo. Siguiendo la moda en cuanto a ropa, música o series de ficción, no eres en absoluto más auténtico, ni digno de admiración, sino una de las ovejas más obedientes e ingenuas que camina a la cabeza del rebaño.

Y, como no podía ser de otro modo, nuestros amos también cuentan con la ayuda de "perros pastores", que en este caso se ven materializados principalmente en la figura de los cuerpos policiales y de los jueces. Pero cuentan también con otras herramientas más sutiles, aunque no por ello menos dañinas para nosotros: como pueden ser las multas, los despidos, los embargos, los impuestos y toda una red de vigilancia electrónica compuesta por cámaras, radares e inteligencias artificiales. Eso por no hablar de las propias ovejas..., perdón, de los propios seres humanos, algunos de los cuales se han convertido en auténticos "policías de balcón", prestos a denunciar a quienes infrinjan las "sacrosantas normas que posibilitan nuestra convivencia segura y pacífica".

Por último, aunque no por ello menos importante, a los seres humanos también nos sacrifican, como sucede con las ovejas. Esto lo hacen valiéndose de guerras y masacres, sí, pero también con métodos más sutiles. Sobre todo, exponiéndonos de continuo a un sinnúmero de tóxicos (físicos, sobre todo, pero también emocionales, mentales y espirituales), al tiempo que nos ofrecen supuestos remedios, por lo general en forma de fármacos, que cronifican nuestras afecciones, hasta consumir la última gota de nuestra salud y vida. Momento en el cual somos desechados sin miramientos.

Pero no todo es negativo. Como sucede con las ovejas, llegará un día en el cual la gran mayoría de los seres humanos abrirán los ojos y mirarán a su alrededor, percibiendo con total claridad su condición de rebaño humano. Será entonces cuando den un paso al frente y reclamen a viva voz su libertad. Y créeme que esto sucederá tarde o temprano, porque está en nuestra naturaleza. El alma de cada uno de los seres humanos que pueblan este plano es un pequeño fractal de Dios. Dicho de otro modo, somos dioses en potencia y, por muy corrompidos y sometidos que nos encontremos, es inevitable que nuestra grandiosidad, nuestro potencial creador y nuestro amor por la libertad terminen por aflorar, barriendo de un plumazo toda la casta parasitaria que nos controla y esclaviza.

Los acontecimientos de los últimos años han sido un claro ejemplo de esto que acabo de decir. Cuanto más nos han apretado la soga al cuello, más y más seres humanos han despertado, han abierto los ojos a la realidad y empezado a manifestar su verdadera naturaleza.

Así que, llegados a este punto, sólo me queda una pregunta por hacerte: ¿y tú qué eres? ¿Una oveja o un ser humano en toda su plenitud?

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