
Hoy me gustaría hablaros sobre la ciencia: esa gran vaca sagrada, cuya mera mención basta a la mayoría de los seres humanos para acallar cualquier duda o réplica que pudiera surgir sobre, por ejemplo, las medidas represivas de un gobierno, la efectividad de un suero experimental contra un bicho volador imaginario o los absurdos desvaríos sobre el CO2 y el calentamiento atmosférico.
¿Os habéis dado cuenta? El mantra “lo dice la ciencia”, así tal cual, sin acompañarlo de más explicaciones o, ni mucho menos, de pruebas empíricas, ha terminado convirtiéndose en el sustituto perfecto de aquel “es la voluntad de Dios” con que callaban la boca antiguamente a quienes se atrevían a poner en tela de juicio los argumentos del poder. La ciencia se ha convertido en la nueva religión, las batas blancas sustituyen hoy las sotanas, y las escuelas y medios de desinformación han tomado el lugar de las iglesias.
La gente ya no quiere pensar. Que los científicos lo hagan por ellos. Y tampoco se piden explicaciones, ni detalles, sobre ninguno de los dogmas que emanan de la sacrosanta ciencia. Si el poder quiere convencerlos de algo, le es suficiente con recitar “un estudio científico ha demostrado…”, para que todos sus feligreses respondan con un “amén”, sin molestarse en buscar qué estudio es ese, cuál es su contenido, quién lo ha realizado o, quizá lo más importante, quién lo ha financiado y qué intereses hay detrás.
Al hilo de todo esto, hoy me he propuesto exponeros 4 grandes problemas que presenta la ciencia oficial a día de hoy, a raíz de los cuales ha perdido (al menos para mí) prácticamente toda su credibilidad.
1. La ciencia trabaja sobre lo denso, obviando lo sutil.
Los seres humanos tenemos unos limitados 5 sentidos, a través de los cuales percibimos una minúscula proporción de la realidad que nos rodea. Resulta, por tanto, presuntuoso e incluso ingenuo, pretender que únicamente existen las fuerzas y fenómenos que podemos ver, oír, oler, degustar, palpar o, en el mejor de los casos, medir con el limitado instrumental de un laboratorio.
Existe mucho más allá de todo eso. Y prueba de ello son, por ejemplo, las experiencias más allá de la muerte, los seres humanos que han conseguido vivir sin tomar alimentos ni bebidas materiales, la curación por medio de energías sutiles, las habilidades de visión remota o las psicofonías. Existen multitud de evidencias y testimonios sobre cualquiera de estas materias. Pero, claro, tú preséntaselas a la ciencia dogmática y materialista predominante, que serán desechados al instante.
2. La ciencia se encuentra compartimentada en especializaciones.
Los biólogos se dedican al estudio de los seres vivos, los geólogos al estudio del terreno y los minerales y los físicos al estudio de los componentes y fenómenos de la naturaleza. Sin embargo, nuestro plano es extremadamente complejo de entender, en el cual todos los elementos y fuerzas constituyen una sofisticada maraña de interrelaciones, sin las cuales nuestra existencia sería imposible. Compartimentar las diferentes áreas del conocimiento, como hace la ciencia, no sólo dificulta este entendimiento, sino que impide por completo entender la naturaleza de la realidad en toda su complejidad, desde un punto de vista holístico.
Es algo así como intentar armar un puzzle disponiendo únicamente de 1 o 2 piezas.
3. La ciencia es elitista.
Vivimos en una sociedad en la cual sólo se admite el ejercicio de la ciencia por parte de individuos que posean un título oficial, es decir, una licencia proporcionada por el poder dominante. Cuando lo cierto es que cualquiera de nosotros tiene capacidad para observar, plantear hipótesis, hacer mediciones, experimentar, obtener datos, analizar y comprobar que el fenómeno puede repetirse en idénticas condiciones, que son los pasos del tan cacareado método científico.
Es algo tan sencillo como, por ejemplo, cuando observemos que una gran cantidad de personas están enfermando de afecciones pulmonares, dedicarnos a analizar la actividad de las fumigaciones de aviones en el cielo y a tomar mediciones de campos electromagnéticos de routers Wi-Fi, teléfonos móviles y antenas de telefonía comparándolas con las de días anteriores. A ver qué conclusiones sacamos.
La cosa se complica cuando la ciencia dice usar instrumentos más complejos, que no están al alcance de la mayoría de individuos, como microscopios electrónicos o espectroscopios. De este modo, cuando nos dicen que una enfermedad la ha provocado un bichito volador muy malo cuyo nombre empieza por “v” y acaba por “irus”, o que han medido la composición atmosférica de un “exoplaneta”, a los mortales comunes no nos queda más que creérnoslo o no, ya que es algo que jamás podremos comprobar por nuestros propios medios.
Y el problema aquí es que la inmensa mayoría de los seres humanos acepta las conclusiones y dictados de la ciencia como verdaderos dogmas de fe.
4. Existen múltiples y poderosos intereses detrás de la ciencia.
La gente suele pensar en la ciencia como una comunidad de individuos sesudos y bienintencionados que trabajan codo con codo por el bien y el progreso de la humanidad. Sin embargo, la realidad es muy distinta.
La inmensa mayoría de los estudios científicos los financian empresas o gobiernos. Las empresas, ¿qué duda cabe?, tienen intereses económicos. Y si las conclusiones de un estudio perjudican en algo esos intereses, no tienen más que maquillarlos o, directamente, falsearlos antes de hacerlos públicos. Además, no olvidemos que absolutamente ninguna gran empresa quiere nuestro bien. Dicho de manera muy simple (porque la cosa es algo más compleja), las empresas energéticas nos saquean y destruyen el medio, las mediáticas nos manipulan y adoctrinan, las tecnológicas nos espían, nos vuelven adictos y nos censuran, las telefónicas nos irradian día y noche, las alimentarias nos enferman y las farmacéuticas cronifican este estado de enfermedad para mantenernos dependientes, hasta que nuestro organismo no soporta más y colapsa.
En cuanto a los estudios financiados por gobiernos, cualquiera con dos dedos de frente sabe perfectamente que ningún gobierno quiere el bien de su pueblo y que, de hecho, todos los políticos a partir de cierto nivel lamen la mano del mismo amo que los grandes empresarios. Sin ir más lejos, gran parte de las investigaciones financiadas por los gobiernos occidentales van destinadas a fines militares.
En resumen, esa ciencia que la mayoría considera omnipotente y capaz de abarcar todo lo existente, es en realidad muy limitada, tanto por lo reducido de su campo de actuación, como por su compartimentación en especializaciones. Y esa ciencia que dicen es para todos, es, en realidad, un reducido club elitista del que sólo pueden formar parte quienes tienen licencia del poder y, desde luego, quienes se avienen a favorecer los intereses del mismo.
Así que, si me aceptáis un consejo, la próxima vez que alguien os diga: “lo dice la ciencia” o “lo ha demostrado un estudio científico”, pídele que te muestre ese estudio y analizadlo juntos, haciendo hincapié, sobre todo, en quién lo ha financiado.
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